martes, 3 de septiembre de 2013

¡Buenos días Andalucía!

No vivimos buenos tiempos. La crisis es una apisonadora que está acabando con la economía de muchas personas y también con la felicidad, en un mundo dominado por el dinero. No descubro nada nuevo, tampoco si digo que los cambios sociales siempre se dan históricamente en medio de crisis de régimen. Pues no se pone en marcha el proceso que desemboca en un cambio, cuando no se percibe un desfase entre la realidad de las clases populares y la realidad de la clase dirigente, por mucho que existan diferencias reales.

Una de las cosas que más me apasionan del momento que vivimos es observar cómo van fluctuando los cimientos más profundos de la sociedad que conozco desde que nací, al tiempo que todo se va derrumbando muy lentamente. Esto sucede porque los principios interiorizados en cada persona son realmente producto del sistema y si los dogmas de siempre se ponen en entredicho, el sistema comienza su cuenta atrás caminando directo hacia su fin. Sin embargo, esto no sucede de manera irremediable en el tablero de ajedrez donde se dan las relaciones entre clases antagónicas, la oligarquía que hoy tiene el poder está obligada a mover alguna pieza, enrocándose, y ya sabemos quién es la Torre y quién es el Rey, entre otros. Insisto, es apasionante.

En este caldo de cultivo nacen, crecen o resucitan ideas que, por cuestionar el sistema de manera más o menos global, agarran como un garbanzo en un algodón mojado donde antes no salía nada, por más que lo intentáramos. Quizás sea el trasplante a la maceta lo que es más dificultoso y delicado, aunque todo el proceso lo es en mayor o menor medida. Esto es lo que se llama en terminología clásica “condiciones objetivas y subjetivas”. Las objetivas se van desarrollando en relación dialéctica con las subjetivas y viceversa, de cómo juguemos con ellas dependerá que vayamos logrando objetivos. Así, no vale con tener una maceta muy bonita con un abono muy nutritivo, hay que saber hacer el trasplante. Además, maceta y abono tienen que estar listos, de lo contrario ya sabemos qué pasará con el brote si lo queremos cambiar de lugar: irá a la basura.

Esta reflexión viene a colación con un hecho al que no pretendo categorizar de certeza, pero creo importante reseñar para realizar algunas consideraciones que podrían ser tanto causas como consecuencias del mismo. Me refiero a una de las anécdotas de las que las redes sociales se han hecho eco en los últimos días.

Aunque silenciada por los exabruptos de la “idiot-savant” Teófila Martínez y su mala relación con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación es la del fichaje por parte de TVE de la estrella mediática de Canal Sur, Toñi Moreno. Aunque más que el fichaje de Toñi Moreno, lo que ha armado cierto revuelo en las redes sociales ha sido una siniestra condición que al parecer le han impuesto, no es otra que la eliminación del acento andaluz en su habla, sin ser un acento exagerado, teniendo en cuenta que es natural de Sanlúcar de Barrameda y que comparte rasgos de otros lugares en los que Moreno ha vivido, según palabras de la propia presentadora1. Se convierte, por tanto, en un habla comprensible para cualquier persona que habite al norte de Despeñaperros que TVE ha decidido erradicar, solicitando que hable en castellano estándar, lo que no ha sentado bien a muchas personas2.

Este hecho no es una novedad, siempre ha habido gente que se ha molestado por ese tipo de cosas, en nuestra tierra. Un ejemplo de ello es el personaje de la Juani de Médico de Familia y su condición de “chacha andalusa grasiosa”, que provocaba cierto rechazo incluso desde posiciones que ni siquiera eran andalucistas moderadas, sino simplemente andaluzas. Sin embargo, en esta ocasión he percibido algo diferente.

Justo después de leer la noticia en un grupo de Facebook en la que hay gente de Cádiz, sin temática concreta sino simplemente gente de esta preciosa ciudad, me dispuse a escribir un comentario en el que decía grosso modo que no hay derecho a las repetidas faltas de respeto al Pueblo Andaluz producidas desde España, y que yo, cuando no me respetan en un sitio, cojo la puerta y me voy. Esta frase, recogida de nuestro vocabulario habitual, es lo que deberíamos aplicar los andaluces y andaluzas, planteando la posibilidad de la independencia; pues, hay que tener en cuenta que esta tierra tiene recursos suficientes como para conformar un proyecto de país más que estable y es España la que depende económicamente de tener una Andalucía sometida y servil, por lo que los que quizás deberían medir sus actos precisamente deberían ser los que sí creen en una España unida.

La esencia de este comentario, que anteayer provocaba insultos, risas, incredulidad o incluso compasión, en esta ocasión provocó reacciones infinitamente más suaves, muchas de aprobación decidida, otras más moderadas, como descubriendo esa posibilidad de dignificar Andalucía ante algo que indigna como hijos de ese país, que nunca se les había ocurrido. Y, en consecuencia, los archiconocidos “me gusta”…

Debemos considerar, obviamente, lo efímero del efecto de ciertas noticias en las redes sociales, así como el hecho de que pudo ser casualidad pura, y que ese mensaje que escribí ahí fue leído por un puñado de personas de mente abierta y no demasiado patriotas de la llamada Marca España, que vieron con buenos ojos esa idea. A pesar de ello, cabría introducir este suceso en una reflexión mayor, porque dedicarle un artículo a semejante anécdota sería absurdo. Lo que me llama la atención, y enlazo con el principio, es el hecho de que los tapujos a la hora de cuestionar las reglas del juego que todos conocemos, se están rompiendo poco a poco. En este punto, me gustaría hacer referencia a un tipo con el que mantengo una relación de amor-odio constante, lejos de etiquetas que no aportan nada y que sólo ciegan. Me refiero a Pablo Iglesias, el presentador de La Tuerka y Fort Apache, asiduo a las tertulias de Intereconomía o La Sexta, entre otras cadenas de televisión, y que, nos guste o no, ha introducido un soplo de aire fresco a estos programas, abriendo frentes de debate que hace meses no podríamos imaginar en esos contextos. En cualquier caso, alguien a quien escuchar y tener en cuenta, aunque sea para hacer la crítica y ponerle la etiqueta.

Dice Iglesias, entre otras cosas, que uno de los elementos más importantes que están en juego en estos momentos es el sentido común. La disputa del sentido común, pues es este elemento el que se va modificando como un reflejo del ser colectivo. Estoy de acuerdo con esta afirmación, la modificación de las condiciones objetivas provoca un obligado cambio en la percepción de la realidad, y esa transformación hay que aprovecharla para conseguir que ese sentido común en disputa sea favorable a nuestros intereses de clase, o si no, por el contrario, lo que ocurrirá es ni más ni menos lo menos recomendable, que calen ciertos discursos completamente populistas y cercanos al fascismo. Lógicamente ni todo el mundo caerá en un lado ni en otro, pero el que predomine será el que acabe siendo el motor del cambio que se dará, ya que al fin y al cabo, son las masas las que cambian el curso de la Historia.

Dentro de esta reflexión es donde quiero meter el aparentemente inocuo suceso del comentario de Facebook. Pues, aquellas personas que venidas desde el nefasto apoliticismo del llamado “españolito de a pie” son receptivas a argumentos de izquierdas, y hoy por hoy son más permeables que ayer a argumentos independentistas en Andalucía. No mucho ni poco, pero más que ayer sí. Es así. Como cabe esperar, hay que poner en valor esto y puntualizar claramente que efectivamente, el independentismo es una idea francamente minoritaria en nuestro país, pero no quisiera que quedara la sensación de que lo que valoro es la subida del independentismo porque quizás sería cierto, pero de una manera tan ínfima dentro de la residualidad anterior que no merecería la pena ni señalar. Lo que quiero valorar es que se está calentando un caldo de cultivo que hace posible que las ideas que hacen apología de la dignidad de Andalucía como pueblo, y no como bufón de España, calen en sectores más amplios de lo que podríamos pensar.

Por tanto, cabe la posibilidad de que, a pesar de la crisis y todo lo demás, esos ciertos sectores que hoy ya no pegan un salto del sillón al oír la palabra “independencia” referida a Andalucía, siguieran blindados ante la posibilidad de romper el Estado por Despeñaperros; podría pasar. Podría, pero no pasa. Y aquí es dónde no estoy seguro de qué factor o factores intervienen en ese cambio.

 Podría ser la irrupción de un sindicato denominado en sus estatutos “Nacionalista andaluz de izquierdas” como es el SAT, cuyo tirón mediático tiene todas las propiedades positivas que hacían falta en Andalucía, al estar formado por personas honestas, de probada limpieza al hacer sindicalismo en los tajos o al hacer política en instituciones y fuera de ellas con honestidad. También, podría ser un efecto provocado por el carácter tangible y real de la posibilidad de la independencia de Catalunya, coyuntura que no hace descabellado pensar que eso de romper España es posible, y que quizás no sea algo tan malo. En la misma línea, podemos pensar en el fin de la lucha armada de ETA que, a pesar de los esfuerzos de ciertos engendros –principalmente del PP– en meter todo en el gran saco de ETA, ha despejado más de un dogma en referencia a los independentistas de izquierdas que siempre hemos compartido con cualquier abertzale, armado o no, eso de “independencia y socialismo”, resultando a veces incómodo compartir objetivos, ya que esa lucha fuera de Euskal Herria nunca fue excesivamente comprendida. Quizás pueda ser el hecho de que España cada día se presenta como un valor más a la baja, visto desde todas las perspectivas posibles, salvo en lo relacionado con los chicos de la selección masculina de fútbol que siempre ganan todas las copas en juego, pero que no aportan ni un solo euro a nuestras maltrechas economías. O tal vez sea ese Rajoy diciendo todos los días que la crisis acabará, ese Rubalcaba que directamente provoca depresión verle, esa Rosa Díez identificada con el fascismo, o ese Cayo Lara que, en su empeño compartido con IU por convertirse en alternativa de Gobierno, no hace más que rebajar un discurso ya rebajado varias veces y más aguado que un cubata a las 6 horas de ser servido.

Con ese panorama, no es de extrañar que surjan reacciones variopintas y es tarea de los y las independentistas de Andalucía aprovechar el momento para que cuantas más reacciones rechazando a España en pos de nuestra soberanía nacional haya, mejor. No olvidemos que es el sentido común lo que está en juego, es esa percepción del mundo, de lo que es justo y lo que no, y la dirección que tome, uno de los elementos cruciales para que el cambio sea el que queremos y no otro. De esta forma, el sentido común, es la espuma que sube y caldea el ambiente. Es el rechazo a que una cacique como Teófila Martínez frivolice con el estado de nuestras economías, en lugar de besarle los pies a cambio de sus desprecios. Es la alegría por el ingreso de Cristina Cifuentes en un hospital público, de esos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere cerrar o vender a empresas estadounidenses. Son las ganas más y más crecientes de ocupar fincas regentadas por personas con miles de hectáreas de tierra en su propiedad, es aquello de “PSOE y PP la misma mierda es” cantado en la oreja de la dulce pero muy calada Beatriz Talegón. Es la búsqueda de nuevos referentes políticos y sindicales que no son “los de siempre”. Es el cuestionamiento de un dogma intocable como es la Transición, los crímenes cometidos en ese periodo y el engaño político, Es el cuestionamiento de la Constitución o la Corona Españolas, las más bochornosas consecuencias de tal periodo histórico. Es la resurrección de Manuel José García Caparrós o Javier Verdejo y los homenajes en su honor cada vez más repletos de gente. Es la resurrección del 4 de diciembre andaluz. Es la “moda” de la arbonaida, que cada vez se ven más y más en las manifestaciones. Es el SAT creciendo como la espuma con un discurso andaluz y soberanista. Es la conciencia nacional de la clase trabajadora andaluza, que aumenta al mismo tiempo que la conciencia de clase, como ha sucedido ya varias veces en la Historia… En definitiva, es la lógica de la lucha de clases, que en Andalucía toma un carácter nacional ineludible cuyas intuiciones mostradas por la clase trabajadora andaluza hay que abordar y potenciar, la certeza de que Andalucía no puede esperar ni un minuto más para ponerse de pie por sí misma. Todo esto está en disputa y de la habilidad de los independentistas y de los soberanistas andaluces dependerá el éxito, éste no será lograr la independencia, ya que eso está lejano, sino construir un discurso ganador y hacerse un hueco en el abanico político. Ésta será la llave que nos abrirá la puerta para conseguir eso que tanta falta nos hace: la soberanía política, económica, social y alimentaria de Andalucía, o lo que es lo mismo, la independencia.


Andalucía está despertando. Ayudemos entre todos a limpiarle las legañas de 35 años de sueño profundo.




2 En una entrevista, Toñi Moreno decía que no la han obligado a hacerlo, pero según palabras del Periodista Emilio Ruiz, el cambio ha sido considerable. http://www.emilioruiz.es/2013/08/las-falsas-eses-de-toni-moreno.html

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Derecho a manifestación? Metéoslo en el culo…


Dice Cristina Cifuentes, que últimamente ha ganado mucho relieve por ser algo así como el Sheriff de Madrid (Y por tanto tiene así una grandísima importancia aquí en la periferia), que hay que regular el derecho de manifestación. Dice que es insostenible que Madrid se colapse cada dos por tres por culpa de esas personas que egoístamente salen a la calle a pedir lo que es suyo. Sí, claro.

A priori uno puede reaccionar poniendo el grito en el cielo porque claro, si nos quitan el derecho a manifestarnos… ¿Qué derecho nos puede quedar? Con el de huelga sugirieron algo parecido hace algunos meses. La reacción puede ser igual… Nos quitan un derecho fundamental, el de huelga, ¡No puede ser!

Yo sinceramente llevo un tiempo pensando que hay un elemento que quita parte del sentido a las manifestaciones y a las huelgas, y es precisamente que sean acciones reguladas legalmente. Si las manifestaciones o las huelgas han llegado a ser asumidas por el Estado hasta el punto de incluirla en su propia legalidad, ¿De qué sirven? Un río bien encauzado no se desborda y con esto pasa igual.

Así, la manifestación se convierte no en un acto reivindicativo, sino en una concesión de la burguesía para que pataleemos un rato. Una huelga se convierte, no en un acto que golpea directamente y cuanto más fuerte mejor a los intereses económicos del patrón y a los intereses políticos del Estado burgués, sino en un día en el que los servicios mínimos palian algunos de los efectos de la huelga, y la policía palia el resto si es necesario. Quizás hay que esperar dos horas al autobús para ir a trabajar en lugar de media hora, pero vamos, poco más. Cuando la huelga se “asalvaja” parcialmente, que a veces hasta ocurre y todo, el tratamiento paliativo de la huelga de la policía es jarabe de palo administrado de forma impune. Al día siguiente todo va como cualquier día normal y a la semana nadie se acuerda de la huelga, haya tenido un seguimiento total, relativo o nulo.

Con esto no hablo de eliminar las manifestaciones o la huelga como medio para elevar la conciencia del pueblo ni nada parecido. Tampoco estoy rechazando la legalidad como elemento útil en la lucha, pero sí que planteo una cuestión abiertamente con el mero interés de provocar una reflexión. ¿Es tan imprescindible que el derecho de manifestación sea legal? ¿Es tan escandaloso que Cristina Cifuentes hable de regular ese derecho? ¿Tanto nos afectaría no tener que ir a la Subdelegación del Gobierno  español a avisar de que nos vamos a manifestar tal día a tal hora para que nos pongan el correspondiente dispositivo policial y nos corten los carriles que ellos consideren oportunos? ¿Cuándo es la acera el lugar designado… tenemos que ir por la acera porque es lo legal y lo permitido?

No hay más que ver, que ante estas declaraciones de la Delegada de Gobierno en Madrid, los que han saltado para defender ese derecho han sido los paladines de la pata izquierda del parlamentarismo burgués como Llamazares (IU) [1] o Rubalcaba (PSOE) [2], elementos aun más reaccionarios como UPyD [3], aunque con menos aspavientos, o ya en un auténtico alarde de cinismo, el propio Presidente del Congreso español, del Propio PP, Jesús Posada [4].

Para mí esto es como cuando el otro día murió Santiago Carrillo; dime quién te defiende y te diré quién eres. Si el derecho de manifestación es defendido por los grupos políticos del Parlamento que nunca jamás han hecho absolutamente nada por la clase trabajadora, será que dicho derecho recogido en el corpus legal español no será tan beneficioso para nosotros.

Las manifestaciones existen antes del reconocimiento del derecho a manifestación, y creo que hemos asumido profundamente y en exceso el discurso que la burguesía quiere que asumamos. Que seamos dóciles, que nos sometamos al criterio que ellos quieren para que sus privilegios no se vean afectados. Que seamos pacíficos, pacifistas, que digamos lo que queramos para que ellos no nos escuchen jamás. Y no hablamos de cuestiones sin importancia, sino que hablamos de que hay personas que están saliendo a la calle por diversos motivos como que no tienen casa, o porque no tienen para comer, porque se han quedado sin la beca y no pueden continuar sus estudios universitarios, porque los jóvenes no tenemos futuro, porque a los mayores no les llega con la pensión, porque no hay trabajo y porque estamos en una situación cada vez más desesperada.

No es esto un debate de salón en el que yo opino, tú opinas y resolvemos nuestras discrepancias caballerosamente. Estamos hablando de que tú tienes 300.000 euros en una cuenta en Suiza y yo no tengo donde caerme muerto, que encima de que eso es así, me cuentas la milonga de que tengo derecho a expresarme siempre que respete las reglas que TÚ has puesto. No las que hemos puesto todos, sino las que TÚ has puesto. Y claro, ahora sale el debate del derecho de manifestación, veo a Rubalcaba decir que el PP es muy malo por decir eso, y la verdad es que de lo que menos ganas me dan es de ir a otra manifestación-procesión legal por las calles de mi ciudad porque se me pone la sangre a 100ºC.

Por todo esto, no sé si se recortará el derecho de manifestación o no, pero ni pienso que el hecho de que no se recorte sea un tema clave en el desarrollo de los acontecimientos que deberían suceder para que esto cambie, ni pienso que deba serlo. La educación y las historietas del Contrato Social y la el concepto de ciudadanía basada en la paz social eterna que se las queden los políticos burgueses, los traidores y los que les siguen, tengan o no la barriga llena. Nosotros sigamos cantando en la manifestaciones eso de “Se va a acabar la paz social”… pero acabemos con ella de una vez. Creo que una de las lecciones que debemos aprender es la de plantearnos saltar por encima de su legalidad, como hizo el SAT en aquella expropiación simbólica en el Mercadona de Écija, o en Somonte, o en Las Turquillas, o en todo el trayecto de la Marcha Obrera, incluyendo la etapa por Málaga en la que legalizaron el recorrido después de tres intentos, pero la intención inequívoca del SAT era la de emprender la marcha igualmente, con o sin permiso. Tenemos que hacernos respetar, porque nos toman por el pito del sereno, hablando en plata.

Así que digámosle alto y claro a Cristina Cifuentes y a todo el PP en general, y a los que desde posiciones supuestamente de izquierdas defienden a capa y espada el encauce de la disidencia mediante los métodos que a la burguesía le interesa, que se pueden meter por el culo el derecho de manifestación. Y el de huelga también.

Ha llegado el momento de que seamos nosotros quienes tomemos la iniciativa de nuestras protestas… ¿qué menos? Y repito, esto no significa descartar la manifestación pacífica como uno de los medios de lucha ni mucho menos, pero no podemos volvernos locos porque el PP quiera recortar esto creo yo, porque hagan lo que hagan ellos, la calle es nuestra de todas maneras.

¡Ah! Que una mujer del PP diga esto le hace facha y franquista a ella y a su partido, pero… ¿Es que acaso no lo sabíamos?





miércoles, 26 de septiembre de 2012

Hablemos claro de una puta vez, cojones



Llegar a casa, abrir el facebook o el twitter y empezar a ver imágenes impactantes de la manifestación ayer por la tarde en Madrid fueron una misma cosa. Tampoco creo que sea estrictamente necesario profundizar en el hecho objetivo de que en el Estado Español la policía torturaba, apaleaba y detenía ilegalmente con Franco, con Adolfo Suárez, con Calvo Sotelo, con Felipe González, con José María Aznar y con José Luis Rodríguez Zapatero. Compañeros independentistas vascos, catalanes, gallegos, compañeros del PCE(r), compañeros del PTE, de la JGRE, de las antiguas CCOO, del antiguo PCE, anarquistas, y como no, trabajadores del SOC y del SAT han pasado por las manos, por las porras, o por las balas de la policía española durante todos estos años. Sólo depende de a qué época nos vayamos y a quién se estuviera reprimiendo, pero al final la intensidad de la represión sólo depende de la intensidad de la respuesta que se le estuviera dando al sistema capitalista en ese momento y en ese lugar. Muchos hoy están en la cárcel aun, y lo que les queda.

Pero hablemos de ayer. Ayer la policía persiguió manifestantes por Madrid como si la capital del Estado, y concretamente el metro fueran una ratonera. Ayer la policía cargó contra manifestantes pacíficos. Ayer la policía volvió a lanzar las peligrosas pelotas de goma. Ayer la policía consiguió con su comportamiento salvaje que un hombre pueda quedar tetrapléjico el resto de su vida. Una víctima más que añadir a una larguísima lista de damnificados.

A los miembros de esta lista no se les da el trato preferencial por ser víctimas del terrorismo que sí le dan a los que han sufrido la violencia por parte de otro ente que no sea el Estado. Estos no reciben homenajes, ni cogen a sus verdugos para meterles una pena de cárcel basándose en las más virulentas leyes de excepción. Es la magia del Estado, que tiene el monopolio del uso de la violencia y la utiliza hasta el límite que la clase dominante considera oportuno. Al ser la clase dominante la burguesía, utiliza la violencia contra los trabajadores. Claro, ¡no la van a utilizar contra ellos mismos!

No era partidario de la acción de ayer de rodear el Congreso en Madrid y así lo he expresado en todo momento. Me parecía una pérdida de tiempo, una maniobra de distracción para quemar a los trabajadores que poco a poco están despertando ante la crisis capitalista. Ante un fracaso como el de ayer, cualquier trabajador podrá pensar que para qué sirve jugarse el tipo ante los energúmenos azules que son desplegados si no se ha conseguido nada y abandonar la lucha. O eso, o ser parte de una revolución de las llamadas “de colores” que en el caso de “triunfar” no haga más que mantener el capitalismo sin más, como ha sucedido en Islandia. Lavado de cara y fuera. En cualquier caso, la dudosa procedencia de la convocatoria hizo que no me convenciera en absoluto esta historia. No pienso lo mismo de la convocatoria de Sevilla, porque independientemente de quien convocara desde otros foros en el Parlamento Andaluz, también convocaba el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as, del que sí me fío plenamente.

Y en todo esto, aparte de que consideremos la concentración de ayer como útil o inútil; ¿qué papel juega la policía? En mi opinión juega aproximadamente el mismo que el que juega un esquirol en una jornada de huelga. Hace un trabajo sucio, arrastrado, ruin y en su caso, vil y despiadado en muchos casos. Pero ojo, al igual que con los esquiroles creo que hay que huir de posturas intransigentes y poco reflexivas. Ni me vale la laxitud total de los que les consideran trabajadores normales (!), humanizando su actividad, ni tampoco me valen los que ni les consideran personas. Son enemigos directos, pero cuidado, que a ellos también les afecta la crisis, y también tendrán sus problemas económicos que, no nos engañemos, es lo que hace salir a las masas a la calle, que hace 5 años no salía a protestar ni Dios. ¿Por qué no considerar la opción de que ellos también consigan sacudirse la pollarda que la mayoría del Pueblo Trabajador tiene? Que quede fuera de toda sospecha que esté perfilando argumentos pacifistas o conciliadores con las fuerzas del orden o con los cabrones a los que estos defienden. Más bien todo lo contrario, que recuerdo que si alguien tiene medios no-pacíficos al alcance de la mano, son ellos, los agentes. Si toda esa violencia que descargan contra nosotros la descargaran contra Cristina Cifuentes por ejemplo, otros gallo nos cantaría…

Y mientras se deciden o no a cruzar la línea como el esquirol que decide por fin un día hacer la huelga con sus compañeros, hay que plantarles cara. Si tiene que ser de manera violenta, pues de manera violenta. Lo que no creo que debamos seguir soportando son episodios como el de ayer de Madrid. Por dignidad aunque sea. Recibir agresiones y aguantar estoicamente por culpa del principio de la no-violencia, que no deja de ser un dogmatismo tan alejado de la realidad como el dogmatismo de la lucha armada porque sí, en cualquier situación y en cualquier contexto, es en mi opinión un absurdo.

Y ya si queremos hacerlo magnífico, hagamos la Revolución. Y la Revolución no entiende de atajos. Ni intentos kamikazes de ocupaciones absurdos como el de ayer, ni “Syrizismos” parlamentaristas sacados de la chistera, ni frentes autodenominados como interclasistas, ni la lucha armada por el mero amor platónico a la estampa un kalashnikov empuñado por un guerrillero, ni nada de eso. Ni hay atajos, ni nos podemos dejar llevar por la rabia que nos mete todas las ganas del mundo de matar con nuestras propias manos al autor o autores de la agresión que pudo dejar minusválido de por vida ayer a un hombre. Responder defensivamente de manera violenta en algún caso no tiene que significar nada de esto. Al final la Revolución no triunfará por un acto violento más o un acto violento menos, sino que triunfará porque hayamos sabido poner las bases para hacerla. Y cuando estén las bases asentadas quizás tengamos que abordar el asunto de qué hacer.

Esto no es más que pensar en voz alta y darle vueltas al asunto al fin y al cabo. En cualquier caso de lo de ayer deberíamos sacar la conclusión clara de que partiendo de la nada, el hecho de juntar a un puñado de gente delante del Congreso español, por muy grande que sea ese ramillete humano, no sirve de nada. También creo que deberíamos sacar la conclusión de que la violencia que hemos visto hoy no es otra cosa que la esencia de lo que es el Estado en sí: La violencia de una clase contra otra. Si el estado es burgués (Dominado por una minoría) pues la violencia es contra los trabajadores (La gran mayoría), por lo que más nos valdría pensar de qué manera vamos a dar la vuelta a la tortilla para que seamos nosotros, los trabajadores, los que de una vez por todas dominemos quitándonos de encima a las sanguijuelas que no sólo nos roban y nos hacen la vida imposible, sino que encima cuando salimos a la calle a protestar, sea de forma más acertada o menos, nos mandan a la policía a pegarnos hasta los extremos vistos ayer en Madrid.

Y a todo esto, aunque parezca mentira y en los medios de comunicación no haya salido, en Sevilla hubo una acción parecida, convocada en parte por el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as. En este caso es cierto que no hubo agresiones por parte de la policía, pero digo yo que también podría haber sido noticia. Pero claro, lo que pase en Madrid eclipsa lo que pase en Andalucía, como siempre. Y es que los andaluces sumamos a todos estos problemas que denunciaban los del 25-S en Madrid, el del eterno olvido a nuestros problemas concretos que no son poco graves.

Pero claro, Madrid es Madrid…

Finalmente me gustaría decir que yo, al igual que otros muchos comunistas de todo el Estado Español, hemos renegado y hemos avisado de que el 25-S en Madrid tenía más sombras que luces, pero me repugna ver en distintos lugares de internet sobre todo a algunos, que prácticamente parece que se alegran de lo ocurrido ayer en Madrid. Para mí esto es perder el norte, porque una cosa es que el ámbito 15-M y sus derivados no nos acaben de convencer, y otra que nos alegremos de que la policía hiera a más de cuarenta personas, algunos de gravedad y detenga a veintiocho más. Aunque desde la distancia, alejados de ciertas convocatorias que no nos convencen, no nos queda otra que expresar nuestro apoyo y solidaridad a todas estas personas, que una cosa no quita la otra.

PD: Acabo de leer que parece que el hombre que podría acabar tetrapléjico, evoluciona favorablemente y recupera poco a poco la movilidad. Al parecer fue pisado por algunos agentes y le pisaron en mal sitio. Pero de momento parece que va a recuperarse afortunadamente, lo cual no cambia ni media palabra de todo lo que he dicho claro.