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miércoles, 11 de marzo de 2015

Teresa, ¡¡¡“A barrer”!!!

El pasado sábado en la Plaza de la Corredera, pude asistir al mitin que Podemos daba en el arranque de la campaña electoral para las próximas elecciones andaluzas. Un paseo iniciado sin una intención clara, terminó de una manera un tanto inesperada en esta plaza de mi hermosa ciudad de Córdoba. Esa misma tarde me enteré de tal evento, y curiosos, un grupo de amigos decidimos acercarnos a ver qué tenía que decir Teresa Rodríguez. Al enterarnos in extremis, no pudimos llegar a tiempo de escuchar la intervención del cabeza de lista por Córdoba David Moscoso ni la del miembro de la dirección estatal de Podemos Iñigo Errejón, por lo que quienes fuimos, supusimos que o bien habíamos llegado demasiado tarde, haciendo de la visita a “La Corre” algo estéril, o bien habíamos llegado convenientemente al plato fuerte del acto. Por suerte Teresa Rodríguez intervendría en tercer lugar.


Antes de referirme a las palabras de la candidata de Podemos a la Presidencia de Andalucía, cabe señalar una puesta en escena del mitin austera. Sin elementos ostentosos, pero sin apariencias que fuerzan una falsa imagen de cercanía, como los nuevos actos del PP o del PSOE, que creen que por poner al público en círculo alrededor de un profesional de la política con horas de coaching a las espaldas, sin atril y con un micrófono inalámbrico enganchado a la oreja haciendo un monólogo dicharachero convencen a alguien. Había un escenario, un atril con su micrófono, un equipo de sonido y un cartel grande con el lema de la campaña. No hace falta más.

Bueno, una cosa sí que faltaba. Una bandera de Andalucía, que Rodríguez llevaba en la mano al irrumpir en el escenario para dar el mitin entre aplausos y que enganchó en el atril antes de comenzar a hablar. El discurso en sí mismo no deja de ser una larga lista de verdades incontestables salvo para alguien que viva muy alejado del mundo real. Aludir al paro descomunal, a la alta tasa de emigración juvenil, al deterioro de sanidad, educación y otros Derechos Humanos que deben ser protegidos por las instituciones públicas, y a otra decena más de indicadores que muestran el desolador panorama actual que existe en Andalucía, unidos a otros más generales como la existencia de una deuda de los bancos que no tenemos ninguna obligación de pagar o la necesidad de obedecer ciegamente a los mercados por parte de los gobiernos actuales, no se puede decir que sea haber encontrado el Santo Grial precisamente, por ser realidades descarnadas que sufrimos a diario.

Pero sí que intuí estar oyendo a una lideresa política con la mente puesta en Andalucía como un sujeto específico y no como pieza de quita y pon de un puzle mayor cuando hizo referencia a otra verdad incontestable que se une a las anteriormente citadas, que es la traición a la Autonomía. Ahí sí está el Santo Grial, porque es la eterna causa que siempre se esconde y que hay que iluminar con más fuerza que nunca para que se vea bien. Textualmente Teresa Rodríguez dijo una frase muy significativa; “Los últimos gobiernos, son gobiernos de sequía y no se acuerdan de la bandera blanca y verde que el pueblo andaluz enarboló en un palo de escoba hace 30 años”. Cayendo en la tentación de contraponer esta frase con otra de Iñigo Errejón pronunciada en la intervención anterior del mismo acto, que rezaba que; “Aquí en Andalucía, como en los mejores momentos, puede comenzar a desbloquearse la política española”, hay algo que no me cuadra.

La primera es muy cierta. De hecho, la última legislatura en la Junta de Andalucía lo ha puesto de manifiesto claramente. El Gobierno de PSOE e IU, después de un pacto de gobierno basado en la argumentación de la necesidad de parar a la derecha (sic), se han quejado sistemáticamente de la poca maniobrabilidad de la que han dispuesto a la hora de legislar a favor de la mayoría de andaluces y andaluzas. Sobre todo IU, que parecían ser quienes tenían al menos una poquita de intención de hacerlo y que sin conseguirlo, mantuvieron esa absurdez política 4 años casi enteros estérilmente. Es la traición abierta y desvergonzada del PSOE a Andalucía respecto a nuestra Autonomía el elemento estrella de que ese autogobierno por el que se luchó, y que depende del mantenimiento y profundización de Andalucía como sujeto político lo que impide legislar al margen de gobiernos estatales reaccionarios como el actual del PP. La falta de voluntad política actual influye, pero tratándose del PSOE es de suponer que si hubo traición en los años posteriores a 1977, la habrá habido en la legislatura 2011-2015, por lo que esa falta de voluntad política es inherente a la naturaleza traidora de este partido político. Primero no se encargaron de desarrollar los instrumentos de autogobierno, y después no han querido usar los pocos que dejaron existir. Obviamente hablamos de un partido que obedece a la Troika del que no cabe esperar gran cosa, pero sí que en algún momento podría darse la existencia de un gobierno andaluz diferente.

No me cabe duda de que incluso con un gobierno andaluz de Podemos en solitario, cosa que es del todo improbable en estas elecciones, no se podrían hacer milagros con la Autonomía actual. Pero sí que hay algo que se puede hacer sin necesidad de ganar unas elecciones, aunque ganar poder institucional sea un paso grande para lograrlo, que es recorrer la senda de la Autonomía real, que no es otra cosa que el fomento de Andalucía como sujeto político propio a todos los niveles, es decir, la creación de Poder Popular con acento marcadamente andaluz sin la mente puesta en nada más necesariamente. Esa es la Autonomía que nunca llegó, y esa y no otra es la traición del PSOE en esta tierra. Hipotecar el empoderamiento del Pueblo Andaluz y someternos al papel de ser el inicio de algo posterior que es lo supuestamente importante como España y su desbloqueo, no supondrá psicológica y políticamente más que una reedición de aquél aborto de pueblo fuerte y orgulloso de sí mismo como nación que era la Andalucía de 1977 y que hoy sobrevive en la lucha de organizaciones como el SAT, o en brindis al sol como la definición estéticamente apropiada pero vacía de “Realidad nacional” en nuestro Estatuto de Autonomía.

Por todo esto, las palabras de Teresa Rodríguez me generan esperanza, y las de Íñigo Errejón me generan justo lo contrario. Y no es ni por desconfianza, es porque son sus palabras las que trazan la línea errónea para Andalucía que ya anduvimos en los últimos 30 años, la de ser siempre subalternos de los intereses de España, incluso a costa de nuestro propio bienestar (Entrar en comparativas y en causas daría para varios artículos más, pero cabe decir que hay estadísticas de estos últimos 30 años muy interesantes que nos hace comprobar de qué manera Andalucía ha vivido prácticamente siempre en continua crisis, incluso cuando parecía que el capitalismo era capaz de ofrecer un espejismo de bienestar). Pero Rodríguez dejó claro en su discurso que es una línea que rechaza, y en el momento en el que el Pueblo Andaluz comprenda que la mayoría de los problemas de nuestra tierra y la imposibilidad de hacerles frente desde las instituciones es la falta de soberanía política y que esta depende de nosotros y nosotras mismas, pondremos las bases para evitar los engaños o los malos caminos.

Como decía también la candidata, “os quiero vigilantes”, refiriéndose a una evaluación constante de su desempeño como representante electa en el tiempo que esté. Yo iría más allá demandando esa vigilancia en el cumplimiento y aumento de la soberanía andaluza, llave para lograr un futuro mejor. Cuando el palo de la escoba y la arbonaida se unan de una manera menos folclórica y más real, o lo que es lo mismo, cuando el trabajo y el barrido de terratenientes y caciques se unan con la conciencia nacional andaluza, habremos conseguido un punto muy interesante para Andalucía.



El acto terminó con la versión oficial del Himno de Andalucía que parte del público cantó con el puño en alto, para terminar con otra consigna muy habitual en cualquier movilización actual, como es el “sí se puede”. Lo que queda por vislumbrar es si conseguiremos la herramienta clave para poder en Andalucía, como es la soberanía de nuestro pueblo y nuestro empoderamiento para conseguirla, y no repetir los errores del pasado que esconde la concepción de estas elecciones andaluzas como parte de un todo. Por eso espero que Teresa Rodríguez empuñe la escoba y la arbonaida y se remangue para barrer todo lo que sobra en Andalucía, y eso no lo va a lograr sin andar la senda correcta, porque aunque haya quien crea que barrer es cosa de mujeres, en política quien barre realmente, es el pueblo entero, y para ello no basta con barrer en unas elecciones solamente.

martes, 17 de febrero de 2015

Albert Rivera y su visita a Andalucía. El bucle que no cesa.

La táctica del avestruz consiste en esconder la cabeza ante los problemas. Esta actitud, idealista hasta el extremo, espera que de alguna manera estos se resuelvan solos, lo cual además de estúpido, va en contra de los intereses propios. Es este el pensamiento que me viene a la mente cuando leo atónito las declaraciones del dirigente del partido Ciudadanos (Presupongo que las ciudadanas no entran en esta organización) Albert Rivera en su visita a Málaga en las que declaraba sin rubor ninguno lo siguiente:




He querido transcribir las palabras tan al detalle, además de porque el mismo autor de las declaraciones ha querido aclarar cualquier matiz en el sentido de las palabras una vez generado el debate, por tener en cuenta que el malentendido forma parte importante de la polémica, desviando completamente el centro de la cuestión. Al parecer muchas de las personas ofendidas lo están porque han supuesto que cuando hacía la metáfora de la pesca, estaba tachando al pueblo andaluz de alguna manera como un pueblo vago y no como un pueblo subvencionado por el sistema basado en el clientelismo creado por el PSOE en Andalucía en 36 años de gobiernos ininterrumpidos, resaltando los más fachas la parte en la que se critica al PSOE, como si el PP no utilizara esos medios para mantener el poder, y los menos fachas resaltando el carácter trabajador incuestionable del pueblo andaluz.

Ante la avalancha de tuits relacionados con este tema, Albert Rivera ha matizado, dejando claro que él se refería a las subvenciones y favores varios repartidos por el PSOE, que según él son la causa de que Andalucía sufra la situación que sufre de subdesarrollo, paro, y falta de oportunidades. No tiene en cuenta Albert Rivera que hace 36 años la situación era peor, y sin ser esto un halago por mi parte para ninguno de los gobiernos del PSOE, ni del PSOE e IU ni del PSOE y el PA que se han producido en este tiempo, no deja de ser una realidad. Pero, ¿Por qué a pesar de haber mejorado Andalucía en estos 36 años seguimos siendo un pueblo subdesarrollado respecto al resto de pueblos que componen el desigual y asimétrico Estado Español?

El PSOE es sólo parte de la explicación
La explicación para nada es la que da Rivera. La explicación que da es la explicación a los 36 años en los que después de una movilización histórica el 4 de diciembre de 1977 y desde el primer mandato de la Junta Preautonómica en 1979, un partido estatal como el PSOE cogió el poder envuelto en la Arbonaida y en Blas Infante y continuó manteniéndolo en el subdesarrollo pleno. Pero ese era un subdesarrollo que ya estaba más que establecido de muchísimo antes y como casi todo, no es nada casual. No hace falta irse a análisis de la izquierda soberanista andaluza para encontrar explicaciones reales al subdesarrollo de Andalucía, aunque estos lo expliquen muy bien, como por ejemplo en el punto de la cuestión nacional del Programa de Andalucía Comunista1 o en la polémica Ponencia Política2 elaborada por la CUT para su IV Congreso Nacional que se difundió en prensa de maneras bastante sensacionalistas y retorcidas3 4, y que en su contenido real mostraba un certero análisis en un línea parecida.

Nos podría bastar con escuchar a Julio Anguita en una de sus intervenciones en el programa “La Clave”, emitido en 1985 en TVE y que trataba exclusivamente de la Autonomía andaluza y los problemas existentes en ella. Problemas calcados a los de hoy, casi 40 años después, por cierto. En el extracto5, comprendido entre el minuto 29:45 y el 37:40 del vídeo del cual recomiendo su visionado completo, Anguita, aparte de exponer como solución un discurso federal que a las alturas que estamos del modelo autonómico (Que de facto se le puede considerar como una especie de federalismo con matices), se muestra insuficiente a todas luces y no acaba de resolver el problema, explica magistralmente el origen real del subdesarrollo en Andalucía. Comienza en el pacto entre la burguesía vasca, y la catalana, y las oligarquías terratenientes castellana y andaluza que fue sellado a mediados del siglo XIX, que perduró incluso en la época de Franco y posteriormente hasta nuestros días con el centralismo y la idea de una España cohesionada como varita mágica que hace que dicho pacto funcione. Hay una frase que es demoledora: “Para entender lo que hoy está ocurriendo hay que hablar de Historia”. Y como posteriormente Anguita reconoce ya en este programa de 1985, todo ataque al centralismo proveniente de Andalucía, es decir, algo que él no dice debido a matices ideológicos, que es la lucha por la soberanía andaluza, hace temblar los cimientos en los que se basa el Estado Español. Aquí cada cual juega un papel, y para que el Estado Español funcione bien, Andalucía tiene que ocupar su papel de suministrar materias primas pero no el de transformarlas porque transformarlas ya forma parte de otros eslabones de la cadena. Por eso lo que se cultiva en Andalucía acaba transformado en fábricas de Logroño o Valencia, por decir dos ejemplos. Es por ello que padecemos un subdesarrollo endémico desde hace casi 2 siglos, ya que de momento la situación no ha cambiado en ningún momento, sufriendo Andalucía los males del rol de manera continuada independientemente del régimen político o de la coyuntura económica. Así, en la época de “vacas gordas”, en Andalucía tenemos cifras bastante por debajo de las comunes en los indicadores de bienestar más básicos, y cuando llegan las “vacas flacas” pues no hay más que ver las cifras de hoy, que si en el conjunto del estado son tremendas, en Andalucía se superan con creces.


Recibir insultos es desagradable, pero más
desagradable es la causa real de nuestra pobreza
Bien, ni los análisis de Anguita o de ciertos partidos soberanistas andaluces tienen necesariamente porqué ser los más certeros, pero sí que arrojan un poco más de luz desde otra perspectiva sobre un problema real que tenemos las andaluzas y los andaluces y que no es nunca resuelto. Y aquí es donde entra ese concepto de la táctica del avestruz por el cual el mismo pueblo andaluz, subyugado, sumiso y bien metido a conciencia en un pozo de intelectualidad famélica, analiza en el mejor de los casos en clave de insulto las palabras de Albert Rivera cual vasallo indignado y no como alguien consciente de su potencial de subvertir la situación. El problema no es que nos insulten y nos traten como un pueblo vago y subvencionado. El problema es que Andalucía es un pueblo que ha sufrido las consecuencias de tener una de las mejores tierras de la Península Ibérica y del afán de los señoritos que se han ido repartiéndola en porciones de miles de hectáreas desde hace siglos. Si algo tendría que ser reprochado a este pueblo, ha sido su falta de determinación a la hora de enarbolar la bandera de una nacionalidad propia más que justificada para ponerse enfrente cara a cara con esa España que nos repudia mientras que nos saca los cuartos, pero falta de ganas de trabajar no faltan, y eso Rivera, que no es tonto, lo sabe. Se confundió de metáfora para reproducir un argumento muy del PP para ganar votos en uno de los graneros de votos más importantes para cualquier partido estatal como es nuestra tierra, pero vagos, lo que se dice vagos, no nos llamó.

Así que más nos valdría dejar a un lado los lamentos vacíos que podemos leer en Twitter cada vez que un señorito coge el AVE para venir a tocarnos las narices llamándonos vagos o viniendo a pescar votos, porque eso no es más que la punta del iceberg. El PSOE con su sistema clientelar y sus subvenciones (Algo denunciado por Albert Rivera y que por cierto, en parte es bastante cierto) solamente ha reforzado una situación de subordinación que dura siglos, y que hoy tiene desactivado por ejemplo a una gran parte del campo andaluz en lo que a la lucha se refiere a cambio de unas migajas. Este tipo de efectos de ciertas subvenciones es obvio que es cierta y perseguida por el propio PSOE y los distintos Gobiernos de la Junta de Andalucía.


Lo que Albert Rivera no ha dicho, es que lo que tenemos que hacer es coger el sedal de pesca y dejar de echarlos al mar para pescar el pescado que se comen otros en Madrid, sino cogerlo y amenazar con enredárselo en el cuello a los que nos tratan como inferiores de manera paternalista, y una vez que seamos capaces de hacer eso como pueblo, veremos a ver quién se ríe de quién. Pero para eso hay que dejar a un lado discursos viejos sobre cómo montar las piezas del puzzle del Estado Español y agarrar bien fuerte el de la soberanía nacional también aquí en Andalucía, porque si no la situación nunca cambiará como ha pasado a lo largo de los últimos siglos. Pero no agarrarlo como el PSOE para soltarlo nada más acceder al poder, sino de verdad. Veremos cómo así nadie viene a cuestionarnos más, porque el origen del problema ya no estaría.

Muerto el perro se acabó la rabia. O dicho de otra manera, muerta España como unión impuesta de pueblos bailando al son del centralismo, se acabó la dependencia y la sumisión. Es una forma de intentarlo, ya que en 40 años de "democracia" se ha demostrado una vez más que no se trata de encajar las piezas porque que encajen sólo ha beneficiado a aquellos que se aprovechan de Andalucía. Abramos la mente y probemos otras maneras de salir del subdesarrollo empoderándonos como nación que ya somos y olvidando el pasado, representado por esa entelequia llamada España que jamás nos tomó en serio.






5 https://www.youtube.com/watch?v=R760RBXTDiE Recomiendo el visionado completo del video además del extracto concreto citado. El debate es de nivel, y es muy interesante comprobar como la Autonomía a pesar de haber mejorado las condiciones de Andalucía en algunos puntos, tampoco ha traído soluciones a los pilares históricos que tanto determinan el análisis, a juzgar por los problemas de los que se hablan en un programa de 1985, que son exactamente los mismos; paro, reparto de la tierra, precariedad laboral, baja alfabetización en zonas rurales, ignorancia, etc, etc.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El laberinto polarizado de los reformistas y los sectarios



Últimamente observo una polarización en los movimientos sociales y en la izquierda (Así en abstracto y sin contar al PSOE ni a IU, los primeros por no ser izquierda en absoluto, y los segundos por llevar tiempo en las instituciones y estar asentados en ellas, por lo que no están sujetos a ese fenómeno llamémoslo de la "neopolítica" de la gente que la está descubriendo ahora con la crisis) que no sé es fruto de mi imaginación o si es que realmente está ocurriendo:

El m-l no es una religión
Por una parte están los que creen que la hoz y el martillo debe estar dibujada en todas partes necesariamente, tienen la cara de Stalin tatuada en el pecho, escuchan a Pablo Hasél (Y similares) muchas veces al día, pertenecen a grupos políticos totalmente alejados de la gente y desde su torre de marfil ordenan a las masas lo que deben hacer sin que las masas sepan ni que existen ni ellos ni sus partidos políticos. A pesar de pasarse el día hablando de marxismo, realmente no han entendido de él nada más allá del folclore comunista generado por experiencias pasadas y todo les parece de un reformismo tan extremo que debe ser considerado enemigo a combatir basándose en que una vez Lenin dijo no se qué o porque tal cita de Stalin dice que no sé cuánto, sin hacer mucho más análisis.

La papeleta mágica que todo lo puede
Por otra parte están otros, la mayoría, que ven en Podemos una especie de varita mágica con su mesías Pablo Iglesias a la cabeza. Les votaron en las Europeas, celebraron los cinco escaños de junio, hoy están muy enfadados porque no dejaron hablar a Podemos en su escaño sin tener en cuenta qué clase de institución es esa y a qué poderes responde, no han cuestionado en ningún momento porqué Pablo Iglesias sale tanto en la tele sin tener en cuenta tampoco a qué responden los medios de comunicación o porqué Podemos nació en Enero y en Junio ya estaban en el Parlamento Europeo. No tienen en cuenta absolutamente nada de nada, todo lo que tenga que ver con marxismo en cualquiera de sus formas más clásicas les parece antiguo y prescindible (Aunque en sus discurso hay necesariamente montones de rasgos marxistas sin que se den ni cuenta a veces), y que son la ingenuidad hecha carne, porque nada de esto es nuevo en realidad, ya que el reformismo lleva inventado mucho más que el tiempo que lleva Podemos existiendo.

Y en medio estamos algunos que ni una cosa nos convence ni la otra, pero desgraciadamente para mí al menos, no somos mayoría en absoluto. La moda del interés repentino por la política, que como todas las modas son absolutamente volátiles, intercambiables por otras que saldrán después y sin demasiadas raíces que la sustenten, ha creado estos dos tipos de monstruos que pueden llegar a enervar, porque si hablas con el primer tipo de espécimen llegas a la conclusión de que jamás va a lograr fundirse con las masas hasta el punto de que contando con ellos pueda surgir una organización revolucionaria que dirija un proceso revolucionario que merezca llamarse como tal. Y hablando con el segundo tipo, llegas a la conclusión de que en ellos sí que hay potencial, pero tienen el problema de que están vacunados contra el marxismo y lo único que podrías sacar de ellos es que te votaran a ti en lugar de a otro si lograras parecer lo suficientemente “decente”, porque de base lo que hay es un reformismo tan radical, que realmente se hace complicado imaginarme de qué manera todo ese potencial podría llegar a buen puerto más allá de la quimera de ganar unas elecciones burguesas. Paradójicamente el exceso de rechazo al sectarismo, crea un nuevo tipo de sectarismo de la misma forma que el exceso de asamblearismo crea una cúpula encubierta que hace más antidemocráticos los procesos. Todo en exceso puede ser un veneno, que decía Paracelso.

El Consejero de Gas Natural y el Diputado vitalicio en 1982

Probablemente mi reflexión parezca algo contradictoria, porque hablando de uno parece que soy del otro y hablando del segundo parece que soy del primero, pero no soy ni de uno ni de otro. Me considero marxista-leninista y dentro de las pocas convicciones inamovibles que tengo, está la de que ni la deformación del marxismo en pos del ultraizquierdismo, ni en pos del reformismo son útiles a largo plazo. La primera es inútil desde el minuto 1, y la segunda es inútil desde el minuto 0, pero parece relativamente útil y un mal menor, hasta que 40 años después se le empieza a caer la careta, como le está pasando a los muchachos de la chaqueta de pana del PSOE, que hoy casi se confunden con los post-franquistas del PP, pero que en el 82 iban a cambiarlo todo de arriba a abajo, engañando a muchos millones de votantes y sin tener ninguna intención de crear poder popular, que al final es la única llave para lograr cosas, y esa llave no se encuentra ni en las plegarias irracionales a Stalin, ni a Pablo Iglesias. Se encuentra en el trabajo de base, que hoy por hoy cada día es más penoso de realizar, porque siempre hay algún listo por medio que quiere terminar llevando todo ese trabajo a las urnas, ya sea con un logo en la papeleta o con la cara del líder, razón por la que muchos de los movimientos sociales del Estado Español están siendo abducidos poco a poco por ciertas marcas electorales.

¿No es posible militar en organizaciones políticas, sindicales o movimientos sociales sin tener que aspirar a introducirlas en indigestas ‘sopas unitarias’ de cara a unas elecciones o a manifestaciones-show sin demasiada continuidad como la del 22-M, o sin limitarse a vivir enfadados porque las masas no asumen ciertas cosas en 5 minutos? Parece que no. Cada vez que un comunista hace un intento de ese duro trabajo de base, un reformista sale en la televisión diciendo barbaridades contra el marxismo, y un militante del Partido Comunista Mejor del Mundo Mundial cuelga en su facebook una foto de Kim Jong Un diciendo que eso y nada más es el comunismo. Doble daño. Parece imposible no repetir errores del pasado aprendiendo de ellos y de las experiencias pasadas, las cuales no hay que repetir, sino apoyarse en ellas para no caer en las trampas que las burguesía nos pone por medio para no perder sus privilegios.

El laberinto de la salida del capitalismo cada vez se relía más. Como dicen los Nashari Sound, hay días que dan ganas de saltar del tren.

... y mejor ni hablar de la cuestión nacional andaluza, que si no el artículo podría llegar a convertirse en un libro.

martes, 3 de septiembre de 2013

¡Buenos días Andalucía!

No vivimos buenos tiempos. La crisis es una apisonadora que está acabando con la economía de muchas personas y también con la felicidad, en un mundo dominado por el dinero. No descubro nada nuevo, tampoco si digo que los cambios sociales siempre se dan históricamente en medio de crisis de régimen. Pues no se pone en marcha el proceso que desemboca en un cambio, cuando no se percibe un desfase entre la realidad de las clases populares y la realidad de la clase dirigente, por mucho que existan diferencias reales.

Una de las cosas que más me apasionan del momento que vivimos es observar cómo van fluctuando los cimientos más profundos de la sociedad que conozco desde que nací, al tiempo que todo se va derrumbando muy lentamente. Esto sucede porque los principios interiorizados en cada persona son realmente producto del sistema y si los dogmas de siempre se ponen en entredicho, el sistema comienza su cuenta atrás caminando directo hacia su fin. Sin embargo, esto no sucede de manera irremediable en el tablero de ajedrez donde se dan las relaciones entre clases antagónicas, la oligarquía que hoy tiene el poder está obligada a mover alguna pieza, enrocándose, y ya sabemos quién es la Torre y quién es el Rey, entre otros. Insisto, es apasionante.

En este caldo de cultivo nacen, crecen o resucitan ideas que, por cuestionar el sistema de manera más o menos global, agarran como un garbanzo en un algodón mojado donde antes no salía nada, por más que lo intentáramos. Quizás sea el trasplante a la maceta lo que es más dificultoso y delicado, aunque todo el proceso lo es en mayor o menor medida. Esto es lo que se llama en terminología clásica “condiciones objetivas y subjetivas”. Las objetivas se van desarrollando en relación dialéctica con las subjetivas y viceversa, de cómo juguemos con ellas dependerá que vayamos logrando objetivos. Así, no vale con tener una maceta muy bonita con un abono muy nutritivo, hay que saber hacer el trasplante. Además, maceta y abono tienen que estar listos, de lo contrario ya sabemos qué pasará con el brote si lo queremos cambiar de lugar: irá a la basura.

Esta reflexión viene a colación con un hecho al que no pretendo categorizar de certeza, pero creo importante reseñar para realizar algunas consideraciones que podrían ser tanto causas como consecuencias del mismo. Me refiero a una de las anécdotas de las que las redes sociales se han hecho eco en los últimos días.

Aunque silenciada por los exabruptos de la “idiot-savant” Teófila Martínez y su mala relación con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación es la del fichaje por parte de TVE de la estrella mediática de Canal Sur, Toñi Moreno. Aunque más que el fichaje de Toñi Moreno, lo que ha armado cierto revuelo en las redes sociales ha sido una siniestra condición que al parecer le han impuesto, no es otra que la eliminación del acento andaluz en su habla, sin ser un acento exagerado, teniendo en cuenta que es natural de Sanlúcar de Barrameda y que comparte rasgos de otros lugares en los que Moreno ha vivido, según palabras de la propia presentadora1. Se convierte, por tanto, en un habla comprensible para cualquier persona que habite al norte de Despeñaperros que TVE ha decidido erradicar, solicitando que hable en castellano estándar, lo que no ha sentado bien a muchas personas2.

Este hecho no es una novedad, siempre ha habido gente que se ha molestado por ese tipo de cosas, en nuestra tierra. Un ejemplo de ello es el personaje de la Juani de Médico de Familia y su condición de “chacha andalusa grasiosa”, que provocaba cierto rechazo incluso desde posiciones que ni siquiera eran andalucistas moderadas, sino simplemente andaluzas. Sin embargo, en esta ocasión he percibido algo diferente.

Justo después de leer la noticia en un grupo de Facebook en la que hay gente de Cádiz, sin temática concreta sino simplemente gente de esta preciosa ciudad, me dispuse a escribir un comentario en el que decía grosso modo que no hay derecho a las repetidas faltas de respeto al Pueblo Andaluz producidas desde España, y que yo, cuando no me respetan en un sitio, cojo la puerta y me voy. Esta frase, recogida de nuestro vocabulario habitual, es lo que deberíamos aplicar los andaluces y andaluzas, planteando la posibilidad de la independencia; pues, hay que tener en cuenta que esta tierra tiene recursos suficientes como para conformar un proyecto de país más que estable y es España la que depende económicamente de tener una Andalucía sometida y servil, por lo que los que quizás deberían medir sus actos precisamente deberían ser los que sí creen en una España unida.

La esencia de este comentario, que anteayer provocaba insultos, risas, incredulidad o incluso compasión, en esta ocasión provocó reacciones infinitamente más suaves, muchas de aprobación decidida, otras más moderadas, como descubriendo esa posibilidad de dignificar Andalucía ante algo que indigna como hijos de ese país, que nunca se les había ocurrido. Y, en consecuencia, los archiconocidos “me gusta”…

Debemos considerar, obviamente, lo efímero del efecto de ciertas noticias en las redes sociales, así como el hecho de que pudo ser casualidad pura, y que ese mensaje que escribí ahí fue leído por un puñado de personas de mente abierta y no demasiado patriotas de la llamada Marca España, que vieron con buenos ojos esa idea. A pesar de ello, cabría introducir este suceso en una reflexión mayor, porque dedicarle un artículo a semejante anécdota sería absurdo. Lo que me llama la atención, y enlazo con el principio, es el hecho de que los tapujos a la hora de cuestionar las reglas del juego que todos conocemos, se están rompiendo poco a poco. En este punto, me gustaría hacer referencia a un tipo con el que mantengo una relación de amor-odio constante, lejos de etiquetas que no aportan nada y que sólo ciegan. Me refiero a Pablo Iglesias, el presentador de La Tuerka y Fort Apache, asiduo a las tertulias de Intereconomía o La Sexta, entre otras cadenas de televisión, y que, nos guste o no, ha introducido un soplo de aire fresco a estos programas, abriendo frentes de debate que hace meses no podríamos imaginar en esos contextos. En cualquier caso, alguien a quien escuchar y tener en cuenta, aunque sea para hacer la crítica y ponerle la etiqueta.

Dice Iglesias, entre otras cosas, que uno de los elementos más importantes que están en juego en estos momentos es el sentido común. La disputa del sentido común, pues es este elemento el que se va modificando como un reflejo del ser colectivo. Estoy de acuerdo con esta afirmación, la modificación de las condiciones objetivas provoca un obligado cambio en la percepción de la realidad, y esa transformación hay que aprovecharla para conseguir que ese sentido común en disputa sea favorable a nuestros intereses de clase, o si no, por el contrario, lo que ocurrirá es ni más ni menos lo menos recomendable, que calen ciertos discursos completamente populistas y cercanos al fascismo. Lógicamente ni todo el mundo caerá en un lado ni en otro, pero el que predomine será el que acabe siendo el motor del cambio que se dará, ya que al fin y al cabo, son las masas las que cambian el curso de la Historia.

Dentro de esta reflexión es donde quiero meter el aparentemente inocuo suceso del comentario de Facebook. Pues, aquellas personas que venidas desde el nefasto apoliticismo del llamado “españolito de a pie” son receptivas a argumentos de izquierdas, y hoy por hoy son más permeables que ayer a argumentos independentistas en Andalucía. No mucho ni poco, pero más que ayer sí. Es así. Como cabe esperar, hay que poner en valor esto y puntualizar claramente que efectivamente, el independentismo es una idea francamente minoritaria en nuestro país, pero no quisiera que quedara la sensación de que lo que valoro es la subida del independentismo porque quizás sería cierto, pero de una manera tan ínfima dentro de la residualidad anterior que no merecería la pena ni señalar. Lo que quiero valorar es que se está calentando un caldo de cultivo que hace posible que las ideas que hacen apología de la dignidad de Andalucía como pueblo, y no como bufón de España, calen en sectores más amplios de lo que podríamos pensar.

Por tanto, cabe la posibilidad de que, a pesar de la crisis y todo lo demás, esos ciertos sectores que hoy ya no pegan un salto del sillón al oír la palabra “independencia” referida a Andalucía, siguieran blindados ante la posibilidad de romper el Estado por Despeñaperros; podría pasar. Podría, pero no pasa. Y aquí es dónde no estoy seguro de qué factor o factores intervienen en ese cambio.

 Podría ser la irrupción de un sindicato denominado en sus estatutos “Nacionalista andaluz de izquierdas” como es el SAT, cuyo tirón mediático tiene todas las propiedades positivas que hacían falta en Andalucía, al estar formado por personas honestas, de probada limpieza al hacer sindicalismo en los tajos o al hacer política en instituciones y fuera de ellas con honestidad. También, podría ser un efecto provocado por el carácter tangible y real de la posibilidad de la independencia de Catalunya, coyuntura que no hace descabellado pensar que eso de romper España es posible, y que quizás no sea algo tan malo. En la misma línea, podemos pensar en el fin de la lucha armada de ETA que, a pesar de los esfuerzos de ciertos engendros –principalmente del PP– en meter todo en el gran saco de ETA, ha despejado más de un dogma en referencia a los independentistas de izquierdas que siempre hemos compartido con cualquier abertzale, armado o no, eso de “independencia y socialismo”, resultando a veces incómodo compartir objetivos, ya que esa lucha fuera de Euskal Herria nunca fue excesivamente comprendida. Quizás pueda ser el hecho de que España cada día se presenta como un valor más a la baja, visto desde todas las perspectivas posibles, salvo en lo relacionado con los chicos de la selección masculina de fútbol que siempre ganan todas las copas en juego, pero que no aportan ni un solo euro a nuestras maltrechas economías. O tal vez sea ese Rajoy diciendo todos los días que la crisis acabará, ese Rubalcaba que directamente provoca depresión verle, esa Rosa Díez identificada con el fascismo, o ese Cayo Lara que, en su empeño compartido con IU por convertirse en alternativa de Gobierno, no hace más que rebajar un discurso ya rebajado varias veces y más aguado que un cubata a las 6 horas de ser servido.

Con ese panorama, no es de extrañar que surjan reacciones variopintas y es tarea de los y las independentistas de Andalucía aprovechar el momento para que cuantas más reacciones rechazando a España en pos de nuestra soberanía nacional haya, mejor. No olvidemos que es el sentido común lo que está en juego, es esa percepción del mundo, de lo que es justo y lo que no, y la dirección que tome, uno de los elementos cruciales para que el cambio sea el que queremos y no otro. De esta forma, el sentido común, es la espuma que sube y caldea el ambiente. Es el rechazo a que una cacique como Teófila Martínez frivolice con el estado de nuestras economías, en lugar de besarle los pies a cambio de sus desprecios. Es la alegría por el ingreso de Cristina Cifuentes en un hospital público, de esos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere cerrar o vender a empresas estadounidenses. Son las ganas más y más crecientes de ocupar fincas regentadas por personas con miles de hectáreas de tierra en su propiedad, es aquello de “PSOE y PP la misma mierda es” cantado en la oreja de la dulce pero muy calada Beatriz Talegón. Es la búsqueda de nuevos referentes políticos y sindicales que no son “los de siempre”. Es el cuestionamiento de un dogma intocable como es la Transición, los crímenes cometidos en ese periodo y el engaño político, Es el cuestionamiento de la Constitución o la Corona Españolas, las más bochornosas consecuencias de tal periodo histórico. Es la resurrección de Manuel José García Caparrós o Javier Verdejo y los homenajes en su honor cada vez más repletos de gente. Es la resurrección del 4 de diciembre andaluz. Es la “moda” de la arbonaida, que cada vez se ven más y más en las manifestaciones. Es el SAT creciendo como la espuma con un discurso andaluz y soberanista. Es la conciencia nacional de la clase trabajadora andaluza, que aumenta al mismo tiempo que la conciencia de clase, como ha sucedido ya varias veces en la Historia… En definitiva, es la lógica de la lucha de clases, que en Andalucía toma un carácter nacional ineludible cuyas intuiciones mostradas por la clase trabajadora andaluza hay que abordar y potenciar, la certeza de que Andalucía no puede esperar ni un minuto más para ponerse de pie por sí misma. Todo esto está en disputa y de la habilidad de los independentistas y de los soberanistas andaluces dependerá el éxito, éste no será lograr la independencia, ya que eso está lejano, sino construir un discurso ganador y hacerse un hueco en el abanico político. Ésta será la llave que nos abrirá la puerta para conseguir eso que tanta falta nos hace: la soberanía política, económica, social y alimentaria de Andalucía, o lo que es lo mismo, la independencia.


Andalucía está despertando. Ayudemos entre todos a limpiarle las legañas de 35 años de sueño profundo.




2 En una entrevista, Toñi Moreno decía que no la han obligado a hacerlo, pero según palabras del Periodista Emilio Ruiz, el cambio ha sido considerable. http://www.emilioruiz.es/2013/08/las-falsas-eses-de-toni-moreno.html