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miércoles, 3 de septiembre de 2014

El laberinto polarizado de los reformistas y los sectarios



Últimamente observo una polarización en los movimientos sociales y en la izquierda (Así en abstracto y sin contar al PSOE ni a IU, los primeros por no ser izquierda en absoluto, y los segundos por llevar tiempo en las instituciones y estar asentados en ellas, por lo que no están sujetos a ese fenómeno llamémoslo de la "neopolítica" de la gente que la está descubriendo ahora con la crisis) que no sé es fruto de mi imaginación o si es que realmente está ocurriendo:

El m-l no es una religión
Por una parte están los que creen que la hoz y el martillo debe estar dibujada en todas partes necesariamente, tienen la cara de Stalin tatuada en el pecho, escuchan a Pablo Hasél (Y similares) muchas veces al día, pertenecen a grupos políticos totalmente alejados de la gente y desde su torre de marfil ordenan a las masas lo que deben hacer sin que las masas sepan ni que existen ni ellos ni sus partidos políticos. A pesar de pasarse el día hablando de marxismo, realmente no han entendido de él nada más allá del folclore comunista generado por experiencias pasadas y todo les parece de un reformismo tan extremo que debe ser considerado enemigo a combatir basándose en que una vez Lenin dijo no se qué o porque tal cita de Stalin dice que no sé cuánto, sin hacer mucho más análisis.

La papeleta mágica que todo lo puede
Por otra parte están otros, la mayoría, que ven en Podemos una especie de varita mágica con su mesías Pablo Iglesias a la cabeza. Les votaron en las Europeas, celebraron los cinco escaños de junio, hoy están muy enfadados porque no dejaron hablar a Podemos en su escaño sin tener en cuenta qué clase de institución es esa y a qué poderes responde, no han cuestionado en ningún momento porqué Pablo Iglesias sale tanto en la tele sin tener en cuenta tampoco a qué responden los medios de comunicación o porqué Podemos nació en Enero y en Junio ya estaban en el Parlamento Europeo. No tienen en cuenta absolutamente nada de nada, todo lo que tenga que ver con marxismo en cualquiera de sus formas más clásicas les parece antiguo y prescindible (Aunque en sus discurso hay necesariamente montones de rasgos marxistas sin que se den ni cuenta a veces), y que son la ingenuidad hecha carne, porque nada de esto es nuevo en realidad, ya que el reformismo lleva inventado mucho más que el tiempo que lleva Podemos existiendo.

Y en medio estamos algunos que ni una cosa nos convence ni la otra, pero desgraciadamente para mí al menos, no somos mayoría en absoluto. La moda del interés repentino por la política, que como todas las modas son absolutamente volátiles, intercambiables por otras que saldrán después y sin demasiadas raíces que la sustenten, ha creado estos dos tipos de monstruos que pueden llegar a enervar, porque si hablas con el primer tipo de espécimen llegas a la conclusión de que jamás va a lograr fundirse con las masas hasta el punto de que contando con ellos pueda surgir una organización revolucionaria que dirija un proceso revolucionario que merezca llamarse como tal. Y hablando con el segundo tipo, llegas a la conclusión de que en ellos sí que hay potencial, pero tienen el problema de que están vacunados contra el marxismo y lo único que podrías sacar de ellos es que te votaran a ti en lugar de a otro si lograras parecer lo suficientemente “decente”, porque de base lo que hay es un reformismo tan radical, que realmente se hace complicado imaginarme de qué manera todo ese potencial podría llegar a buen puerto más allá de la quimera de ganar unas elecciones burguesas. Paradójicamente el exceso de rechazo al sectarismo, crea un nuevo tipo de sectarismo de la misma forma que el exceso de asamblearismo crea una cúpula encubierta que hace más antidemocráticos los procesos. Todo en exceso puede ser un veneno, que decía Paracelso.

El Consejero de Gas Natural y el Diputado vitalicio en 1982

Probablemente mi reflexión parezca algo contradictoria, porque hablando de uno parece que soy del otro y hablando del segundo parece que soy del primero, pero no soy ni de uno ni de otro. Me considero marxista-leninista y dentro de las pocas convicciones inamovibles que tengo, está la de que ni la deformación del marxismo en pos del ultraizquierdismo, ni en pos del reformismo son útiles a largo plazo. La primera es inútil desde el minuto 1, y la segunda es inútil desde el minuto 0, pero parece relativamente útil y un mal menor, hasta que 40 años después se le empieza a caer la careta, como le está pasando a los muchachos de la chaqueta de pana del PSOE, que hoy casi se confunden con los post-franquistas del PP, pero que en el 82 iban a cambiarlo todo de arriba a abajo, engañando a muchos millones de votantes y sin tener ninguna intención de crear poder popular, que al final es la única llave para lograr cosas, y esa llave no se encuentra ni en las plegarias irracionales a Stalin, ni a Pablo Iglesias. Se encuentra en el trabajo de base, que hoy por hoy cada día es más penoso de realizar, porque siempre hay algún listo por medio que quiere terminar llevando todo ese trabajo a las urnas, ya sea con un logo en la papeleta o con la cara del líder, razón por la que muchos de los movimientos sociales del Estado Español están siendo abducidos poco a poco por ciertas marcas electorales.

¿No es posible militar en organizaciones políticas, sindicales o movimientos sociales sin tener que aspirar a introducirlas en indigestas ‘sopas unitarias’ de cara a unas elecciones o a manifestaciones-show sin demasiada continuidad como la del 22-M, o sin limitarse a vivir enfadados porque las masas no asumen ciertas cosas en 5 minutos? Parece que no. Cada vez que un comunista hace un intento de ese duro trabajo de base, un reformista sale en la televisión diciendo barbaridades contra el marxismo, y un militante del Partido Comunista Mejor del Mundo Mundial cuelga en su facebook una foto de Kim Jong Un diciendo que eso y nada más es el comunismo. Doble daño. Parece imposible no repetir errores del pasado aprendiendo de ellos y de las experiencias pasadas, las cuales no hay que repetir, sino apoyarse en ellas para no caer en las trampas que las burguesía nos pone por medio para no perder sus privilegios.

El laberinto de la salida del capitalismo cada vez se relía más. Como dicen los Nashari Sound, hay días que dan ganas de saltar del tren.

... y mejor ni hablar de la cuestión nacional andaluza, que si no el artículo podría llegar a convertirse en un libro.

jueves, 19 de junio de 2014

Budapest, ciudad de contrastes


Mendicidad por todas partes, Starbucks y Mc Donalds en cada esquina, drogas en plena calle, tiendas con zapatillas de deporte de Adidas o Nike de las cosidas en Taiwan, considerable desigualdad económica entre el turista europeo medio y el habitante autóctono, muchas banderas nacionales por todas partes, una gran red de transportes públicos de los años 50, 60 o 70 que se mantienen perfectas donde puedes ir hasta un desagradecido cementerio que contiene las estatuas de los héroes y heroínas que hicieron posible que esa red (entre otras muchas cosas) existiera, impunidad absoluta para los Jobbik, el partido nazi que campa a sus anchas por allí persiguiendo gitanos por las calles... Budapest es una ciudad de contrastes muy intensos en clave política y social.

Vista de Budapest desde la colina de Gellert
Es una ciudad bella. Creo que no hay otro adjetivo que pudiera definirla mejor. Es belleza pura. Desde la perspectiva de la Colina de Gellert, se puede ver la gran extensión de Budapest atravesada por el Danubio, que navegándolo con la mirada te lleva hasta Isla Margarit, que está flotando en él. Sus puentes, el Parlamento que está a la orilla, y un mosaico de tejados de colores bastante heterogéneos que cuesta parar de mirar son otros de los elementos que destacan de su vista aérea. A ras de suelo Budapest no pierde ningún interés. Es un lugar donde cada esquina guarda un detalle curioso, algo que observar o de lo que sorprenderse. Al menos para mí. En parte esto es provocado por el mero hecho de ser un lugar que se encuentra a 3000 km. de Andalucía con las diferencias lógicas que eso conlleva, o por ser Hungría un país centroeuropeo colocado en tierra de nadie si atendemos al “telón de acero imaginario” con el que se hace una división mental entre Europa Occidental y Oriental, y que aquí se hace un poco difuso, arrojando una mezcla cultural muy interesante. Cabe decir que no me estoy refiriendo a los iconos de la globalización capitalista de hoy, sino a algo más general. Un KFC en cada esquina no es precisamente interculturalidad, o al menos no es mi concepto ideal de ésta.

Entre los detalles que podríamos observar por la ciudad lamentablemente nos encontramos dos agujeros negros históricos. Uno en el periodo que va desde 1944 hasta 1991, y otro más pequeño correspondiente a 1919. Son la época posterior a la liberación de Hungría de la dominación nazi por parte de las tropas soviéticas además de la posterior etapa socialista del país iniciada en 1949, y la corta experiencia de la República Popular de Hungría de 1919. Los restos históricos del difunto socialismo húngaro han sido literalmente borrados de la ciudad, al parecer de una forma más concienzuda si cabe que en otras ciudades europeas del antiguo campo socialista.

Entrada al Museo del Terror
Pero lograr hacer olvidar el socialismo en un país que lo ha disfrutado durante más de 40 años no debe ser sencillo. Un ejemplo de este trabajado esfuerzo institucional es el Museo del Terror, en el que se encuentran expuestas de una manera intencionadamente “simétrica” documentos, estatuas, representaciones de ambientes o uniformes de los nazis y de los comunistas. Es el relato de siempre, sólo que en los países que fueron ocupados por el IV Reich y que después de la II Guerra Mundial se convirtieron en países socialistas este relato debe ser acompañado de una gran cantidad de accesorios. Lo que aquí nos cuentan de viva voz tertulianos del PP o del PSOE, allí tienen que currárselo más para que agarre. Al entrar se oye una música tenebrosa propia del castillo del terror de la feria de tu pueblo y aparecen al frente un par de estandartes que simbolizan las dos temáticas del museo. Pronto aparecen los bustos de Stalin que han sido arrancados de sus lugares de origen en la Budapest socialista, los videos con testimonios de supervivientes de campos de concentración nazis y del Gulag soviético, los expositores con objetos de tortura utilizados en los interrogatorios de nazis y de soviéticos, réplicas de celdas y de despachos, y cosas así. No hay nada al azar, y por cada elemento positivo que pudieras ver en los comunistas, te aparece algo que te trata de desmontar esa visión, llegando al punto en el que la aparición de objetos nazis se va diluyendo conforme se avanza en el recorrido y queda exclusivamente terror soviético hasta llegar a la zona en la que se recuerda la contrarrevolución de 1956,  y al final del todo ya en una especie de “fin de la pesadilla” aparecen vídeos con los hechos del tiempo que va desde 1989 hasta el 1991, cuando al fin cayó el socialismo en Hungría. Cierto es que la estancia del partido de la cruz flechada y de los nazis alemanes no ocuparon tantos años como la estancia del Partido Comunista de Hungría (Después denominado Partido Socialista Obrero Húngaro) y de tropas soviéticas y por tanto es lógico pensar que haya más material de la época comunista, pero la manera en que está todo dispuesto te dirige inconscientemente el pensamiento hacia experimentar más empatía con los nazis que con los comunistas, y eso es intencionado. De ahí que la “simetría” pueda ir entrecomillada.

Pequeño busto de Stalin
Estrar en dicho museo (Cuyo edificio es el antiguo Cuartel General de la ÁVH, la policía secreta húngara de la época de Rakosi) es una experiencia contradictoria en esencia para cualquier comunista y presupongo que para cualquier nazi, porque el museo está bien planteado ignorando el componente ideológico presente durante todo el recorrido. Es decir, los objetos que están allí expuestos, no dejan de ser históricamente interesantes. Como señalábamos anteriormente, ahí podremos encontrar desde uniformes de las SS nazis o insignias de oficiales soviéticos, hasta documentos de judíos asesinados durante la II Guerra Mundial, o una máquina de escribir utilizada en un cuartel de la ÁVH. Es cierto que es difícil olvidar ese componente ideológico, porque es la única razón que explica la existencia de este museo… En definitiva, pasar allí 2 horas, es pasar 2 horas de contradicción constante.

Las botas de Stalin, anticomunismo puro
El otro gran ejemplo de cómo han eliminado los restos de la época socialista en la ciudad de Budapest es el Memento Park. Este lugar se explica por sí mismo con sólo definirlo; es el lugar donde se llevaron todas las estatuas de la época socialista de la ciudad. Es una especie de cementerio de estatuas. Cada una tiene una placa que indica quien la hizo, cómo se llama la obra y el lugar en el que estaba colocada antes de ser retirada. Como curiosidad cabe decir que no hay ninguna estatua de Stalin y no porque no hubiera en la época anterior a 1956, sino porque las pocas que quedan “vivas”, se encuentran expuestas en el Museo del Terror. Sólo hay una réplica de unas botas, de una gran estatua de Stalin que se destruyó precisamente en 1956. A Janos Kadar curiosamente tampoco le encontramos por ninguna parte, no alcanzo a saber por qué, ya que Munnich, otro dirigente de la época de Kadar sí que aparece.

Monumento a las BBII
A Marx, a Engels, a Lenin o a Dimitrov también les podemos encontrar. Y a Bela Kun y otros destacados dirigentes de la Revolución de 1919. Y una gran cantidad de “monumentos al combatiente soviético” erigidos en honor de los que lucharon en la II Guerra Mundial contra los nazis. También hay hasta un monumento en honor a los húngaros que lucharon en la Guerra Civil Española en batallones de las Brigadas Internacionales. Nada de esto debe ser digno de tener por el centro de la ciudad, y su lugar más apropiado debe ser el Memento Park, un museo hecho al comunismo, sino a la caída del comunismo, como viene indicado en todas las evidencias que podemos encontrar. Ni el antifascismo tiene cabida en la Budapest post-socialista.

Encuesta de kutatopont
Es el drama de la mayoría de países del antiguo campo socialista. Después de la caída del socialismo perdieron muchas de aquellas conquistas logradas décadas atrás. No todas, pero la gran mayoría de ellas. Y hoy se encuentran en ese sistema que parecía que sería magnífico pero que no sólo no lo es, sino que hoy está especialmente tocado por la crisis. Pero hay una esperanza. Hay datos que indican un aumento aplastante del sentimiento de nostalgia por el socialismo y no sólo entre las personas que vivieron esa etapa (Encuesta adjunta). Los jóvenes húngaros nostálgicos, que a finales de la década pasada no llegaban al 25%, en 2012 eran ya alrededor de un 70%. Opinan que antes importaban más las personas y que ahora importa más el dinero. Volviendo al contenido del primer párrafo de este artículo no me extraña que esto sea así. La desigualdad es muy visible en las calles, y eso que yo no visité mucho más allá del centro de la ciudad, pero hay escenas muy explícitas. De esas que son casi clichés del país ex-socialista que a la caída del antiguo sistema empezó a ver florecer McDonalds y nuevos ricos por una parte y mendigos por la calle y niños esnifando pegamento por la otra. Y es que la fase imperialista del capitalismo es así. Mientras que los negocios que posee una minoría tengan margen para seguir expandiéndose, las consecuencias que puedan provocar no les importa lo más mínimo. O incluso simplemente las necesidades que pudieran tener aquellos pueblos en donde pretenden operar no les preocupa, siempre que haya un volumen de ganancias suficiente. En este caso logrados casi más por el turismo que por la gente de allí. Por eso llegar con euros desde un estado de la Eurozona como el español es llegar con un tesoro y la vida allí es plácida y desahogada. Lo malo es tener un sueldo medio en Florines. Ahí sí que se debe notar que el capitalismo ha llegado y que esos vaqueros del Zara están en una tienda que está tu país, pero ni esos vaqueros son para tí, ni los beneficios de esa empresa son para tu país. También por eso debe haber tantas tiendas de segunda mano por toda la ciudad.
 
Marx aún resiste
Es una situación extraña que es incomparable a la miseria creciente que hay en Andalucía, el Estado Español o cualquier otra zona de las llamadas del sur de Europa. Es pasar de un sistema con unas economías familiares en principio débiles pero solventes por tener aseguradas cosas básicas como la sanidad, la educación, las pensiones, el trabajo, el gas, el agua, la electricidad, etc, a uno en el que dejas de tener muchas de esas cosas pero sigues teniendo una economía débil, por lo que la pobreza te acaba engullendo.
Personalmente tengo clara una cosa. Hasta que las estatuas no regresen al lugar donde les corresponde, Budapest no estará ordenada del todo y seguirá siendo un puzle con esas pequeñas piezas mal colocadas en sitios equivocados. Al menos simbólicamente hablando.
De momento esta escultura de Marx aguanta en la Facultad de Derecho de Budapest. No sabemos por cuánto tiempo.

Y por último tengo que agradecer la invitación de mi hermana para conocer tan interesante ciudad. Qué anfitriona más maravillosa!!!

martes, 3 de septiembre de 2013

¡Buenos días Andalucía!

No vivimos buenos tiempos. La crisis es una apisonadora que está acabando con la economía de muchas personas y también con la felicidad, en un mundo dominado por el dinero. No descubro nada nuevo, tampoco si digo que los cambios sociales siempre se dan históricamente en medio de crisis de régimen. Pues no se pone en marcha el proceso que desemboca en un cambio, cuando no se percibe un desfase entre la realidad de las clases populares y la realidad de la clase dirigente, por mucho que existan diferencias reales.

Una de las cosas que más me apasionan del momento que vivimos es observar cómo van fluctuando los cimientos más profundos de la sociedad que conozco desde que nací, al tiempo que todo se va derrumbando muy lentamente. Esto sucede porque los principios interiorizados en cada persona son realmente producto del sistema y si los dogmas de siempre se ponen en entredicho, el sistema comienza su cuenta atrás caminando directo hacia su fin. Sin embargo, esto no sucede de manera irremediable en el tablero de ajedrez donde se dan las relaciones entre clases antagónicas, la oligarquía que hoy tiene el poder está obligada a mover alguna pieza, enrocándose, y ya sabemos quién es la Torre y quién es el Rey, entre otros. Insisto, es apasionante.

En este caldo de cultivo nacen, crecen o resucitan ideas que, por cuestionar el sistema de manera más o menos global, agarran como un garbanzo en un algodón mojado donde antes no salía nada, por más que lo intentáramos. Quizás sea el trasplante a la maceta lo que es más dificultoso y delicado, aunque todo el proceso lo es en mayor o menor medida. Esto es lo que se llama en terminología clásica “condiciones objetivas y subjetivas”. Las objetivas se van desarrollando en relación dialéctica con las subjetivas y viceversa, de cómo juguemos con ellas dependerá que vayamos logrando objetivos. Así, no vale con tener una maceta muy bonita con un abono muy nutritivo, hay que saber hacer el trasplante. Además, maceta y abono tienen que estar listos, de lo contrario ya sabemos qué pasará con el brote si lo queremos cambiar de lugar: irá a la basura.

Esta reflexión viene a colación con un hecho al que no pretendo categorizar de certeza, pero creo importante reseñar para realizar algunas consideraciones que podrían ser tanto causas como consecuencias del mismo. Me refiero a una de las anécdotas de las que las redes sociales se han hecho eco en los últimos días.

Aunque silenciada por los exabruptos de la “idiot-savant” Teófila Martínez y su mala relación con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación es la del fichaje por parte de TVE de la estrella mediática de Canal Sur, Toñi Moreno. Aunque más que el fichaje de Toñi Moreno, lo que ha armado cierto revuelo en las redes sociales ha sido una siniestra condición que al parecer le han impuesto, no es otra que la eliminación del acento andaluz en su habla, sin ser un acento exagerado, teniendo en cuenta que es natural de Sanlúcar de Barrameda y que comparte rasgos de otros lugares en los que Moreno ha vivido, según palabras de la propia presentadora1. Se convierte, por tanto, en un habla comprensible para cualquier persona que habite al norte de Despeñaperros que TVE ha decidido erradicar, solicitando que hable en castellano estándar, lo que no ha sentado bien a muchas personas2.

Este hecho no es una novedad, siempre ha habido gente que se ha molestado por ese tipo de cosas, en nuestra tierra. Un ejemplo de ello es el personaje de la Juani de Médico de Familia y su condición de “chacha andalusa grasiosa”, que provocaba cierto rechazo incluso desde posiciones que ni siquiera eran andalucistas moderadas, sino simplemente andaluzas. Sin embargo, en esta ocasión he percibido algo diferente.

Justo después de leer la noticia en un grupo de Facebook en la que hay gente de Cádiz, sin temática concreta sino simplemente gente de esta preciosa ciudad, me dispuse a escribir un comentario en el que decía grosso modo que no hay derecho a las repetidas faltas de respeto al Pueblo Andaluz producidas desde España, y que yo, cuando no me respetan en un sitio, cojo la puerta y me voy. Esta frase, recogida de nuestro vocabulario habitual, es lo que deberíamos aplicar los andaluces y andaluzas, planteando la posibilidad de la independencia; pues, hay que tener en cuenta que esta tierra tiene recursos suficientes como para conformar un proyecto de país más que estable y es España la que depende económicamente de tener una Andalucía sometida y servil, por lo que los que quizás deberían medir sus actos precisamente deberían ser los que sí creen en una España unida.

La esencia de este comentario, que anteayer provocaba insultos, risas, incredulidad o incluso compasión, en esta ocasión provocó reacciones infinitamente más suaves, muchas de aprobación decidida, otras más moderadas, como descubriendo esa posibilidad de dignificar Andalucía ante algo que indigna como hijos de ese país, que nunca se les había ocurrido. Y, en consecuencia, los archiconocidos “me gusta”…

Debemos considerar, obviamente, lo efímero del efecto de ciertas noticias en las redes sociales, así como el hecho de que pudo ser casualidad pura, y que ese mensaje que escribí ahí fue leído por un puñado de personas de mente abierta y no demasiado patriotas de la llamada Marca España, que vieron con buenos ojos esa idea. A pesar de ello, cabría introducir este suceso en una reflexión mayor, porque dedicarle un artículo a semejante anécdota sería absurdo. Lo que me llama la atención, y enlazo con el principio, es el hecho de que los tapujos a la hora de cuestionar las reglas del juego que todos conocemos, se están rompiendo poco a poco. En este punto, me gustaría hacer referencia a un tipo con el que mantengo una relación de amor-odio constante, lejos de etiquetas que no aportan nada y que sólo ciegan. Me refiero a Pablo Iglesias, el presentador de La Tuerka y Fort Apache, asiduo a las tertulias de Intereconomía o La Sexta, entre otras cadenas de televisión, y que, nos guste o no, ha introducido un soplo de aire fresco a estos programas, abriendo frentes de debate que hace meses no podríamos imaginar en esos contextos. En cualquier caso, alguien a quien escuchar y tener en cuenta, aunque sea para hacer la crítica y ponerle la etiqueta.

Dice Iglesias, entre otras cosas, que uno de los elementos más importantes que están en juego en estos momentos es el sentido común. La disputa del sentido común, pues es este elemento el que se va modificando como un reflejo del ser colectivo. Estoy de acuerdo con esta afirmación, la modificación de las condiciones objetivas provoca un obligado cambio en la percepción de la realidad, y esa transformación hay que aprovecharla para conseguir que ese sentido común en disputa sea favorable a nuestros intereses de clase, o si no, por el contrario, lo que ocurrirá es ni más ni menos lo menos recomendable, que calen ciertos discursos completamente populistas y cercanos al fascismo. Lógicamente ni todo el mundo caerá en un lado ni en otro, pero el que predomine será el que acabe siendo el motor del cambio que se dará, ya que al fin y al cabo, son las masas las que cambian el curso de la Historia.

Dentro de esta reflexión es donde quiero meter el aparentemente inocuo suceso del comentario de Facebook. Pues, aquellas personas que venidas desde el nefasto apoliticismo del llamado “españolito de a pie” son receptivas a argumentos de izquierdas, y hoy por hoy son más permeables que ayer a argumentos independentistas en Andalucía. No mucho ni poco, pero más que ayer sí. Es así. Como cabe esperar, hay que poner en valor esto y puntualizar claramente que efectivamente, el independentismo es una idea francamente minoritaria en nuestro país, pero no quisiera que quedara la sensación de que lo que valoro es la subida del independentismo porque quizás sería cierto, pero de una manera tan ínfima dentro de la residualidad anterior que no merecería la pena ni señalar. Lo que quiero valorar es que se está calentando un caldo de cultivo que hace posible que las ideas que hacen apología de la dignidad de Andalucía como pueblo, y no como bufón de España, calen en sectores más amplios de lo que podríamos pensar.

Por tanto, cabe la posibilidad de que, a pesar de la crisis y todo lo demás, esos ciertos sectores que hoy ya no pegan un salto del sillón al oír la palabra “independencia” referida a Andalucía, siguieran blindados ante la posibilidad de romper el Estado por Despeñaperros; podría pasar. Podría, pero no pasa. Y aquí es dónde no estoy seguro de qué factor o factores intervienen en ese cambio.

 Podría ser la irrupción de un sindicato denominado en sus estatutos “Nacionalista andaluz de izquierdas” como es el SAT, cuyo tirón mediático tiene todas las propiedades positivas que hacían falta en Andalucía, al estar formado por personas honestas, de probada limpieza al hacer sindicalismo en los tajos o al hacer política en instituciones y fuera de ellas con honestidad. También, podría ser un efecto provocado por el carácter tangible y real de la posibilidad de la independencia de Catalunya, coyuntura que no hace descabellado pensar que eso de romper España es posible, y que quizás no sea algo tan malo. En la misma línea, podemos pensar en el fin de la lucha armada de ETA que, a pesar de los esfuerzos de ciertos engendros –principalmente del PP– en meter todo en el gran saco de ETA, ha despejado más de un dogma en referencia a los independentistas de izquierdas que siempre hemos compartido con cualquier abertzale, armado o no, eso de “independencia y socialismo”, resultando a veces incómodo compartir objetivos, ya que esa lucha fuera de Euskal Herria nunca fue excesivamente comprendida. Quizás pueda ser el hecho de que España cada día se presenta como un valor más a la baja, visto desde todas las perspectivas posibles, salvo en lo relacionado con los chicos de la selección masculina de fútbol que siempre ganan todas las copas en juego, pero que no aportan ni un solo euro a nuestras maltrechas economías. O tal vez sea ese Rajoy diciendo todos los días que la crisis acabará, ese Rubalcaba que directamente provoca depresión verle, esa Rosa Díez identificada con el fascismo, o ese Cayo Lara que, en su empeño compartido con IU por convertirse en alternativa de Gobierno, no hace más que rebajar un discurso ya rebajado varias veces y más aguado que un cubata a las 6 horas de ser servido.

Con ese panorama, no es de extrañar que surjan reacciones variopintas y es tarea de los y las independentistas de Andalucía aprovechar el momento para que cuantas más reacciones rechazando a España en pos de nuestra soberanía nacional haya, mejor. No olvidemos que es el sentido común lo que está en juego, es esa percepción del mundo, de lo que es justo y lo que no, y la dirección que tome, uno de los elementos cruciales para que el cambio sea el que queremos y no otro. De esta forma, el sentido común, es la espuma que sube y caldea el ambiente. Es el rechazo a que una cacique como Teófila Martínez frivolice con el estado de nuestras economías, en lugar de besarle los pies a cambio de sus desprecios. Es la alegría por el ingreso de Cristina Cifuentes en un hospital público, de esos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere cerrar o vender a empresas estadounidenses. Son las ganas más y más crecientes de ocupar fincas regentadas por personas con miles de hectáreas de tierra en su propiedad, es aquello de “PSOE y PP la misma mierda es” cantado en la oreja de la dulce pero muy calada Beatriz Talegón. Es la búsqueda de nuevos referentes políticos y sindicales que no son “los de siempre”. Es el cuestionamiento de un dogma intocable como es la Transición, los crímenes cometidos en ese periodo y el engaño político, Es el cuestionamiento de la Constitución o la Corona Españolas, las más bochornosas consecuencias de tal periodo histórico. Es la resurrección de Manuel José García Caparrós o Javier Verdejo y los homenajes en su honor cada vez más repletos de gente. Es la resurrección del 4 de diciembre andaluz. Es la “moda” de la arbonaida, que cada vez se ven más y más en las manifestaciones. Es el SAT creciendo como la espuma con un discurso andaluz y soberanista. Es la conciencia nacional de la clase trabajadora andaluza, que aumenta al mismo tiempo que la conciencia de clase, como ha sucedido ya varias veces en la Historia… En definitiva, es la lógica de la lucha de clases, que en Andalucía toma un carácter nacional ineludible cuyas intuiciones mostradas por la clase trabajadora andaluza hay que abordar y potenciar, la certeza de que Andalucía no puede esperar ni un minuto más para ponerse de pie por sí misma. Todo esto está en disputa y de la habilidad de los independentistas y de los soberanistas andaluces dependerá el éxito, éste no será lograr la independencia, ya que eso está lejano, sino construir un discurso ganador y hacerse un hueco en el abanico político. Ésta será la llave que nos abrirá la puerta para conseguir eso que tanta falta nos hace: la soberanía política, económica, social y alimentaria de Andalucía, o lo que es lo mismo, la independencia.


Andalucía está despertando. Ayudemos entre todos a limpiarle las legañas de 35 años de sueño profundo.




2 En una entrevista, Toñi Moreno decía que no la han obligado a hacerlo, pero según palabras del Periodista Emilio Ruiz, el cambio ha sido considerable. http://www.emilioruiz.es/2013/08/las-falsas-eses-de-toni-moreno.html